sábado, 14 de mayo de 2016

035_El concierto de mi vida (4)

Juan Iborra - El Periódico 4/8/88
"No era necesario conocerse el metro de Barcelona. A media tarde bastaba con entrar en sus tripas y dejarse llevar. En cualquier línea, en cualquier vagón, los cachorros del jefe se dejaban ver. Sólo era cuestión de seguirles.

Chavales llegados de playas cercanas. Chicas monas, adolescentes con el ombligo al aire, con bolsas cargadas de entrepanes y litronas de plástico. Alguno se lía un canuto aprovechando la espera en la línea 5. Otro se tumba en el regazo de su dama y se acopla los cascos del walkman para ir haciendo boca durante el camino. Desde primeras horas de la tarde, la cofradía de los 80.000 se había puesto en marcha al reclamo del líder, dispuestos a la fiesta, con los prismáticos en bandolera.

Oculto en el bolsillo trasero del tejano portaban el escapulario: una entrada de bello y extraño diseño con un Bruce tierno y una limusina rancia de perfil. Con grandes esperanzas, la parroquia iba ocupando sus puestos alrededor del Túnel del Amor.


El calor húmedo se pegaba a la piel. Y los aledaños del Camp Nou eran un circo. De venta ambulante. De reventa: "Primo, te paso dos entradas por 4.000". "No, gracias". "Mira que te ahorras dos talegos".

A las 8 de la noche quedaba poca gente por llegar. Los alemanes con las tablas de windsurf a cuestas, un holandés con patines, un lince luciendo una camiseta de Pink Floyd, y los mirones (...)

De pronto llega un autocar y son los músicos. Luego una camioneta con un copiloto de roja gorra que parece Spielberg. Y un poco después, un poco de confusión, los caballos que abren paso, los vigilantes que alzan sus cabezas, unas sirenas al fondo y una furgoneta de lujo que entra. Son las 8.15 de la noche. Bruce Springsteen va dentro (...) con unas enormes gafas negras, tan grandes como su sonrisa de oreja a oreja, con un chaleco negro y algo de beber en la mano (...)

Son casi las 9 y todo el mundo ha entrado en el templo. Los chicos del metro, los marginales del extrarradio, los viejos roqueros. Las autoridades presiden en el corralito del palco central. Y el estado mayor de la ONCE en pleno. Y el estado mayor de la CBS, la casa discográfica. Y la gente guapa luciendo suaves bronceados en la zona reservada de la tribuna. Y en el césped y en las gradas un hormiguero cubriéndolo todo (...)

Cuando comenzó a caer la noche, la gente se dio cuenta de que pasaban de las 9 y aquello no empezaba (...) La música ambiente era del jefe en un principio, pero el tiempo fue pasando y llegó un himno de U2 entre las primeras palmas de reclamo. La noche se iba echando encima y los franceses ondeaban sus banderas. La parroquia local improvisaba castells entre el aplauso y el regocijo del respetable.

De pronto, un señor en pantalón corto que parecía un turista se acercó al micro. Dijo: "¡Sí, eh! y luego: "One, two" y eran las 9.30 y los pitos arreciaban. Dos banderas con barras y estrellas afloraron desde las primeras trincheras y Stevie Wonder dulcificaba la espera con una balada.

Y entonces, justo entonces, se iluminaron las cortinas del templo, las pantallas de vídeo echaron a andar y el escenario se tiñó de rojo. Y palmas y palmas y más palmas. El último reflujo de la marea hizo que el hormiguero se empujara hacia el altar. Y un hombre, desde una taquilla, comenzó a vender sus tickets a los músicos conforme iban apareciendo.

El saxo negro con un traje amarillo hortera y chillón. La chica pelopaja con un manojo de globos rojos en forma de corazón y una falda mínima y blanca. Y Bruce Springsteen en medio de un jaleo difícil de traducir. El jefe, de negro, los hombros al aire. No se había quitado aquella sonrisa de la furgoneta. Y una rosa en la mano. Y un saludo honorable: "Bona nit, Barcelona. Ja soc aquí". Y desde las líneas laterales del campo se dejaron de vender salchichas, camisetas y cervezas.

Y entonces, justo entonces, vino un rayo de luz sobre el jefe y al primer acorde el estadio comenzó a reventar. Entonces se hizo el rock, comenzó la liturgia y el templo se vino abajo."


#003 Bruce Springsteen - Camp Nou 3/8/88

Lo que siguió, hijo, fue EL CONCIERTO DE MI VIDA. Un beso+.




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